jueves, 29 de julio de 2010

Punto y coma.



Un mes. 4 semanas. 30 días. 720 horas. 43200 minutos… Puedo decirlo de muchas formas diferentes pero todo significa uno: el tiempo que llevo sin ti. Llegaste sin hacer ruido, despacio, casi de puntillas. Y así, de esa misma forma, te has ido. Bueno, puede que no sea la expresión correcta, porque de algún modo sigues aquí, pero estás de la forma más insignificante.

No me avisaste, tú tampoco sabías que te ibas, no nos despedimos. Ahora sólo cabe esperar un milagro. ¿Tú crees en los milagros? Yo sí, por eso espero que tu también, porque es lo único
que puede salvarnos, salvarme, salvarte.
Las cosas iban bien, estabas cerca, casi te sentía, casi pudimos vivir todo aquello que durante noches interminables planeábamos, pero la vida ha querido que no sea así. Ha decidido que no sea tan fácil, quiere complicar las cosas. Muchos dicen que es el destino. Te diré una cosa, el destino es para los fracasados, para aquellos que prefieren pensar que las cosas pasan porque si, porque estaba todo planeado de antemano, el sino cruel… Yo te digo que no, las cosas no ocurren porque si, todo tiene explicación y aunque a veces no la encuentras, créeme, la hay.
Ahora toca esperar y confiar, o creer, o rezar, lo que sea con tal de estar junto a ti.

Fueron días felices, yo pasaba mis noches hablando contigo, me quedaba despierto hasta las 3 de la madrugada hablando contigo cuando horas después me examinaba de Selectividad, pero entonces no sentía sueño, no estaba cansado, era feliz porque estabas ahí.
Los largos viajes en autobús se hacían más cortos escuchando tu voz, oyendo tus planes para Septiembre y para la eternidad, todo iba a ir bien, perdimos el miedo, lo que al principio se planteó como un dilema tú hiciste que careciese de importancia.

No sé, te echo de menos, sin más. Hoy me han dicho que hay una última esperanza, aunque ¿sabes una cosa? La gente no confía en que salga bien, todos dicen que ya está todo perdido y que no hay nada que hacer. Pues bien, yo me niego a aceptarlo, me niego a no estar contigo nunca más, me niego a que te vayas para siempre y nos dejes a todos sin ti, porque contigo todo era distinto.

Espero que puedas leer esto pronto, que lo leas junto a mí y nos alegremos de que todo haya pasado.
Hoy mi prosa está descontrolada, aturdida, confusa, entrelazada, sin orden, perdida, desolada, exhausta, desorientada, nostálgica…
Yo simplemente estoy sin estar, soñando un imposible, soñando contigo.



*Fotografías de Rodney Smith

7 comentarios:

  1. Tampoco creo en el destino, pero sí creo en las bonitas energías para que todo salga bien entre ustedes.
    Mucha luz, encanto. Y también te seguiré.
    Por cierto: te he agrgado al Facebook, espero no te moleste :D

    Muá.

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  2. Las cosas saldrán bien, si vosotros queréis que salgan bien. :)
    Un saludo!

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  3. buenisima la ultima foto!
    http://olguiscloset.blogspot.com/

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  4. Ay, filliño... Nunca te des por vencido, eh? Que no me entere yo!
    Aunque lo que sí hay que admitir es que no existe la suerte (o como tú la llamas, el destino) porque, como dijo uno de los grandes: la suerte es el pretexto de los fracasados...
    Y la persona de la que estés hablando tiene pinta de ser una persona luchadora, con ánimos para seguir adelante...
    Sencillamente debes confiar en ella y en su fuerza de voluntad.

    Mientras haces eso, no te preocupes, que estaremos por aquí los pequeños duendecillos y yo (usease, God) para darte la tabarra, te parece?

    Un besito! Y a ver si me das clases de esto, que aún no sé ni poner videos ni fotos ni náh!
    muaka!!

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  5. La prosa descontrolada es la mejor :)

    Me gusta como escribes. Ojalá que todo vuelva a ser como antes y que en los viajes de autobús te acompañe su voz :)

    Un besito color púrpura y gracias

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