lunes, 10 de febrero de 2014

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Han pasado unos dos años desde la última vez que me senté frente al ordenador y me puse a escribir. Han pasado unos dos años desde la última vez que había alguien en mi vida que me hiciese sumergirme en este mundo de locos que es la escritura.

Sí, siempre el amor. Sigo pensando que es el motor de nuestras vidas  y es que, como alguna vez le oí decir a la persona que solía ocupar mi corazón: "Si dejamos de creer en el amor ¿por qué querríamos vivir?"

Hoy puedo decir que me siento feliz porque he recuperado algo que pensé que jamás volvería a experimentar. La sensación que tuve cuando me enamoré por primera vez. Ese sentimiento de felicidad absoluta, fruto de la inocencia y de la ausencia de dolor que puede llegar a causar el amor.
Y es que después de los fracasos, las decepciones, las rupturas y las discusiones, pensé que ya nunca podría despertarme por la mañana y pensar que estaba tan enamorado que sólo eso bastaba.

Y desde hace algo menos de un mes, puedo gritar con orgullo que estaba equivocado. Me he sorprendido a mí mismo sintiendo de nuevo esa felicidad que ya parecía una utopía.

No sé cuánto durará, no sé si esta será una de esas relaciones relámpago, tan bellas como fugaces, o si será una felicidad crónica. Sólo sé que, sea lo que sea, estoy viviendo los mejores días de mi vida. Experimentando todas esas situaciones que pensé que jamás nadie podría aportarme y viendo como las películas se quedan cortas en comparación con la perfección de estos momentos.

Porque perderme en la inmensidad de sus ojos grises me hace sentir que puedo con todo, que él es todo lo que necesito y que el resto da igual

Ahora más que nunca sé que la vida hay que exprimirla hasta la última gota, que hay días oscuros que parecen durar demasiado, pero es sólo porque la luz que viene después será digna de ser recordada.

Y con esto sólo quiero decir que vuelvo por estos lares, que vuelvo a escribir y que espero que sea por mucho tiempo porque como suele decirse: "Happiness only real when shared"

Sonreíd porque lo mejor está aún por llegar.

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