jueves, 19 de septiembre de 2019

Incendios

Me visitas de repente, sin avisar, y me pillas con la vida patas arriba. La mayoría de las veces saludo a tu recuerdo y sonrío en paz. Pero de un tiempo a esta parte he vuelto a echarte de menos. Dirás que no tiene sentido y seguramente no lo tenga. Pero nunca nada tuvo sentido y aún así conseguiste convertirte en el centro de mi vida.

Cuando vienes así, casi de puntillas, me recuerdas pequeños detalles, de esos que uno casi olvida sin darse cuenta y así vuelves a inundarlo todo. Es como si una parte de todo aquello se resistiera a marcharse aunque sepa que no le queda otra opción.

Hoy me visitaste en un sueño. No recuerdo muy bien qué pasaba. Creo que hacíamos pizza para cenar e íbamos al sofá.

jueves, 28 de marzo de 2019

Orden

Esta mañana me he acordado del texto que escribiste hace ya casi 4 años, cuando estuve a punto de marcharme. Hablabas de mi delicioso caos. Hoy me he sorprendido guardando el chocolate en la nevera. Ha sido un acto instintivo. Igual no te lo crees pero ahora lo hago siempre. Sin embargo, hoy, mientras lo dejaba en la balda, me he acordado de ti. Me he acordado de tu fingida mirada de resignación y de ese cariño inmenso en tus ojos. A veces lo echo de menos.

viernes, 15 de marzo de 2019

A veces

Uno de mis poemas favoritos es «A veces» de José Agustín Goytisolo. Y es que esas dos palabras describen a la perfección la intensidad de mis sentimientos. A veces siento un vacío tan grande dentro de mí que pienso que nunca podré superarlo. A veces me acuerdo de ti con cariño y agradecimiento. A veces no puedo explicarme cómo pude soportar todo lo que viví contigo.

Últimamente, el que más se repite es el del vacío. Un vacío repleto de miedo. El otro día creí verte por la calle y se me paró el corazón. Duró una fracción de segundo, el tiempo que tardé en ver que no eras tú. ¿Cómo se te puede detener el corazón al ver por la calle a la persona con la que has compartido lo más profundo de tu intimidad? ¿Cómo puede pararse el mundo al cruzarte con alguien a quien antes veías a diario? Probablemente sea porque nunca perdí por completo la emoción por volver a verte aunque solo te hubieses ido a trabajar 8 horas antes. Igual es porque, hasta el último día, se me aceleraba el corazón cuando entrabas por la puerta de casa.

martes, 5 de marzo de 2019

Casi un año

Hoy volvía a casa desde el gimnasio y a medida que subía una cuesta me he dado cuenta de que hace casi un año desde que todo se acabó. Han empezado muchas otras cosas estos meses. Pero sigo viendo ese final de abril como si fuese ayer. Mis cosas metidas en cajas, el llanto en la que dejaba de ser mi cama y, finalmente, las llaves encima del libro que me regalaste cuando empezamos salir con una advertencia velada de todo lo que venía después. Ha pasado casi un año y aún no he podido pasar por delante de la que fue nuestra casa y ahora es solo tuya.

Ahora otro se sienta en nuestro sofá prestado. Quizás también discutas con él porque se adueña del lado bueno. Seguramente será más ordenado y no tendrás que ir recogiendo la ropa amontonada en la silla. Si toma cereales puede que se coma él las miguitas. E incluso puede que ahora sea él el que haga el tonto saliendo del ascensor y le pille el portero.

Hace tiempo que yo he dejado de buscar el lado bueno del sofá. Ahora mi ropa se acumula en la silla y a nadie parece importarle. He vuelto a comer cereales y nadie se toma las miguitas. Ahora evito el ascensor y prefiero bajar andando.

Este año se me ha hecho completamente cuesta arriba, como en la que me he acordado de ti y del tiempo que llevamos separados. He pensado que quizás debería empezar a compartir todos estos pensamientos con la gente. Igual así algún día los leerás. No te será difícil reconocerte.

jueves, 29 de noviembre de 2018

No puedo

He vuelto a leer todas las entradas que he escrito estos meses. Son lo más parecido a un diario que tengo. Y me sigo emocionando leyéndolas.

Todo está acabado pero hubo momentos tan maravillosos que soy incapaz de soltarlos y perderlos para siempre. Aún hay días en los que me despierto y te oigo cantando como lo hacías en los últimos meses. Hay veces en las que no quiero salir de la cama y medio dormido me sale ese ruidito que hacíamos los dos. A veces paseo por Madrid y busco tu mano.

Dejarlo era la solución. Se acabó la ansiedad. Se acabaron las mentiras. Se acabó ese peso. Pero llegó el miedo, el vacío y tu ausencia. Y, joder, no puedo dejar de echarte de menos.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Ternura

Me dolía especialmente el desmoronamiento de la ternura. Vienen a mi cabeza frases que ella decía, llenas de bondad. Entonces supe que la muerte de una relación es en realidad la muerte de un lenguaje secreto. Una relación que muere da origen a una lengua muerta. Lo dijo el escritor Jordi Carrión en un estado de Facebook: «Cada pareja, cuando se enamora y se frecuenta y convive y se ama, crea un idioma que solo pertenece a ellos dos. Ese idioma privado, lleno de neologismos, inflexiones, campos semánticos y sobrentendidos, tiene solamente dos hablantes. Empieza a morir cuando se separan. Muere del todo cuando los dos encuentran nuevas parejas, inventan nuevos lenguajes, superan el duelo que sobrevive a toda muerte. Son millones, las lenguas muertas».

Manuel Vilas, Ordesa.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Cielo


El otro día tuve que hacer una copia de seguridad de los documentos del ordenador y caí en la tentación. La memoria donde guardo todas estas cosas también tiene fotos y conversaciones antiguas. De cuando todo estaba bien. Guardé los documentos, miré varias veces la carpeta de las fotos y al final la abrí. Y ahí estabas tú.

En una foto salías mordiéndote el labio en un bar, una de las fotos más bonitas que te hice, en la primera semana que empezamos a quedar. En otra sales evitando salir mientras nos comíamos una pizza. Hay muchas que me enviabas cuando estábamos a miles de kilómetros. Hay otras que te hice cuando viniste a verme. Hay un vídeo en Pamplona en el que te escondes detrás de un cartel para que no te grabase.

En las conversaciones está nuestra primera cita, la del día siguiente y la del otro. Fueron tres días que sirvieron para que supiese que quería estar siempre a tu lado. Eras tú. Esa persona de la que los libros, las canciones y las películas hablaban todo el rato. Estabas ahí, habías llegado justo a tiempo. Revolucionaste mi vida antes de que yo me marchase de Madrid por primera vez para irme a vivir fuera. Menos mal.

Mi foto favorita es una que creo que solo te enseñé una vez. Habíamos salido de trabajar y te acompañé a comprar un regalo. Un polo o una camisa para un amigo tuyo. Te hice una foto mientras nos marchábamos, bajando las escaleras mecánicas. Recuerdo perfectamente ese momento. Sobre todo recuerdo la sensación. Recuerdo mirarte como si fueses la persona más increíble que se había cruzado en mi camino. Y recuerdo hacerte la foto para no olvidarme nunca de ese momento. Y funcionó. Han pasado cuatro años y me acuerdo perfectamente.

Te sigo echando de menos, sobre todo cuando hay que hacer tonterías y no estás tú para seguirme el rollo; cuando bajo por la calle Prim y nadie se para en seco en mitad de la calle y me empuja con la cabeza como si fuese un niño pequeño enfadado. Esas cosas eran mi gasolina. Y desde que no las tengo no doy una. Lo intento pero no hay manera.

Qué largos me quedan siempre los textos, nunca sé cuándo parar. Como con todo.

P.D. La foto es de tu ciudad, unos meses antes de conocerte.